Lo mejor viene
de Punta
De cara al
verano y según la tendencia, Punta del Este se prepara
para una de las mejores temporadas en años. Las playas,
la movida nocturna y la mejor gastronomía. Precios y datos
del balneario con más glamour.
En una estrecha península, que se interna
en el océano como un dedo señalando el horizonte,
se encuentra Punta
del Este, ese luminoso objeto de deseo que la convierte en
el destino elegido por quienes buscan entregarse a la naturaleza
sin perder contacto con una extraordinaria infraestructura. Conocida
como la Saint Tropez de Sudamérica por sus playas silvestres
combinadas con una importante arquitectura, encandila por sus
geografías diferentes, hoteles de lujo, gastronomía
internacional, galerías de arte y noches interminables.
Devenida en balneario de alto nivel a partir de
la década del 50, Punta era, a principios del siglo XX,
una región desértica habitada sólo por algunos
pescadores, cuya osadía dio el puntapié inicial
para que se construyeran las primeras casas veraniegas. Fue la
extraña geografía de esa franja de tierra, las dunas
y las playas kilométricas lo que atrajo a aquellos pioneros
y aventureros a instalarse en la zona.
Porque Punta del Este es sinónimo de playas:
de arenas finas o más gruesas, de aguas tranquilas, como
las bahías de Maldonado
y Portezuelo, o de olas fuertes y mar abierto, en las costas del
Atlántico. Ideales para el descanso al arrullo del mar
o para los deportes acuáticos, son además espacios
de encuentro con la mirada del otro, una tradición en estos
lares. Bajo el sol se intercambian miradas que quizás se
encuentren más tarde en un paseo por la peatonal Gorlero
o por la noche, que en Punta es siempre una aventura aparte.
El centro y el puerto
La Península es el centro del glamour. Por las calles se
ven muchos extranjeros: algunos son turistas y otros decidieron
instalarse hace años, atraídos por su naturaleza
casi virgen y el estilo de vida europeo. Aquí, donde el
Río de la Plata se une con el océano Atlántico,
se generan dos tipos de costas: la Brava y la Mansa. La playa
Brava es la más concurrida, entre otras razones porque
su fuerte oleaje es un desafío para los surfistas; las
olas del parador La Olla son escenario de competencias. En La
Mansa, de arenas finas, el agua se presenta como una piscina,
ideal para asolearse y nadar.
Por la tarde, la tradicional avenida Gorlero es
el punto de encuentro de los jóvenes, fans de la moda y
de la comida rápida. Es, muchos ya lo saben, un paseo de
once cuadras, flanqueado por palmeras, donde se concentran los
bancos, boutiques, comercios de variedades y galerías de
arte, un boom en las últimas temporadas.
También hay restaurantes tradicionales,
cines y un casino, para quienes disfrutan lejos del bullicio y
buscan probar suerte sobre el paño verde. Bares, pubs,
espectáculos musicales y discotecas, pueden ser el preámbulo
de una noche sin fin.
La imagen del puerto, con su nueva rambla peatonal
e iluminación nocturna, es de postal. Allí se encuentra
lo mejor de la gastronomía local e internacional: carnes,
pastas, verduras, frutas y mariscos se presentan en combinaciones
singulares con sello italiano, alemán, suizo, chino o hindú.
Desde los restaurantes, la vista de los yates amarrados y el sonido
del mar, que se agita con la llegada de otros nuevos, marcan el
pulso de la inminente temporada.
Desde el muelle parten barcos hacia la Isla
Gorriti, un pequeño paraíso de arenas finas
y abundante vegetación, donde se reúne el jet set.
Tiene dos playas: Honda y Puerto Jardín, donde anclan los
yates privados. Ambas tienen paradores y hay fogones dispersos
para uso libre. También se hacen excursiones a la Isla
de los Lobos, donde la naturaleza en estado puro convive con leyendas
de piratas y tesoros perdidos. La zona es ideal para los amantes
del buceo que pueden recorrer escenarios de naufragios en busca
de vestigios de otras épocas.
Se adivina en el ambiente que la próxima
temporada promete: en los negocios que renuevan sus fachadas,
en las nuevas construcciones, en los jóvenes que bailan
capoeira en el mirador de la playa Mansa y en las primeras señoritas
esculturales que se quedan, de espalda al sol, hasta bien entrada
la tarde en la Parada 4, donde se encuentra el espectacular Hotel
Conrad.
Cruzando el puente ondulante que une las orillas
del arroyo Maldonado, se llega a La
Barra, una típica zona residencial donde las casas
miran hacia el mar, que se deja ver tras enormes dunas blancas.
Tiene su propia movida y muchos de los que paran en la Península
frecuentan la playa Montoya (o Bikini) —donde se reúnen
las modelos top—, con sus bares y modernos bistró,
desde donde se aprecian vistas de ensueño. Manantiales,
de aguas profundas, es una de las playas más concurridas
y la preferida para practicar surf o jet ski y Punta Piedras es
un oasis para el relax.
La paz de José
Ignacio
José
Ignacio, a unos 18 kilómetros al este de La Barra,
es la perla más codiciada por la personalidad de su geografía
y su ritmo apacible. Sus extensas playas, casi vírgenes,
son el refugio perfecto para quienes buscan descanso y silencio.
El faro, que ilumina el resto de la cadena balnearia, le da un
aire misterioso a este paraje solitario y exótico.
El tipo de construcciones, en armonía con
la naturaleza, contribuye a esta imagen. En La Barra, Manantiales
y José Ignacio la arquitectura, que respeta dunas y sierras,
es uno de los rasgos distintivos de Punta del Este y el secreto
de su belleza particular.
Lo mismo se aprecia en el trayecto entre la Barra
y la Punta, donde están los barrios residenciales más
elegantes. Rodeados por un extenso pinar, Parque del Golf, Beverly
Hills, La Loma y San Rafael tienen casas de sorprendentes diseños
e indiscutible estilo. Otra de las zonas preferidas es Laguna
del Sauce, con sus mansiones espectaculares que miran al mar o
por sus chacras escondidas entre los cerros, con vista a los bosques
y a la laguna.
En Punta Ballena, donde la naturaleza parece haber
esculpido el lomo de un enorme cetáceo, las ondulaciones
del terreno de seguro habrán inspirado al artista plástico
Carlos Páez Vilaró cuando construyó Casapueblo.
La visita a esta casa museo es imperdible no sólo por la
belleza de su arquitectura mediterránea sino por la incomparable
vista panorámica rodeada por la inmensidad del mar.
Este verano, como los anteriores, estará
signado por los ritmos, el color, las modas y las playas en todo
su esplendor, que son el emblema de Punta del Este. Como cada
año, la movida veraniega elegirá uno o dos sitios
nuevos que se transformarán en centro de atracción.
La arena bajo los pies, el típico olor a mar que arrastra
algas cuando baja la marea o un brindis volverán a ser
experiencias nuevas. Y para quienes creen que la felicidad está
hecha de momentos, cuando el sol pinte de rojo las sierras y los
yates anclados en la bahía de la playa Solanas, antes de
esconderse, será posible pensar que se lo tiene todo.